La oreja de mar (Haliotis Midae), conocida en la zona como Perlemoen, es una especie muy apreciada culinariamente en Asia, a la que atribuyen propiedades afrodisíacas.

Debido a la creciente demanda de la oreja de mar sudafricana en los mercados asiáticos, la pesca ilegal se ha disparado, poniendo en grave riesgo este recurso, que en algunas zonas ha desaparecido por completo.

El negocio de la extracción y venta ilegal de oreja de mar se estima en 1 billón de dólares anuales, está controlado por organizaciones criminales africanas y las triadas chinas, y supone una amenaza enorme para la sociedad africana.

Intercambian las orejas de mar por sustancias químicas para la fabricación de drogas.

Se calcula que un buzo experimentado puede retirar unas 200 de orejas de mar en una hora y media de inmersión. Las redes criminales que están esquilmando las costas sudafricanas tienen muchos medios personales y económicos, cuentan con personal, vehículos, lanchas y equipos de buceo que coordinan para evitar ser descubiertos.

Durante el día los buceadores extraen las orejas de mar y las depositan en lugares escondidos de la costa o el fondo marino. Por la noche, con la ayuda de vehículos o lanchas, proceden a retirar los “fardos” de orejas de mar amparados por la oscuridad, les retiran las conchas en el propio sitio para hacerlas más fáciles de ocultar y transportar hasta los secaderos clandestinos, donde las preparan para ser exportadas, principalmente a Hong Kong, una vez cocidas y secas.

En los centros de procesado de oreja de mar clandestinos las condiciones son extremadamente insalubres, lo cual supone además un riesgo alimentario.

Estas mafias realizan labores de contravigilancia para evitar ser descubiertos y no es raro que se produzcan persecuciones por carretera e incluso intercambio de disparos cuando son descubiertos y perseguidos.

Para exportar las orejas de mar se utilizan falsos etiquetados en las latas de conserva metálicas, para hacerlas pasar por comida para pájaros, leguminosas, o cualquier otro producto que tenga menos restricciones aduaneras. Otro método utilizado es la ocultación de paquetes entre envíos de otras mercancías completamente legales.

Aparte del problema medioambiental, existe un problema social, ya que habitualmente los traficantes de droga son los que se encargan de organizar y pagar a los furtivos que capturan las orejas de mar. Los traficantes utilizan las orejas de mar como medio de pago para recibir de las mafias chinas sustancias para preparar drogas sintéticas como la metanfetamina (conocida popularmente como “Cristal myth”).

Os recomendamos ver el documental que trata este asunto en profundidad titulado “Abalone – The deadly Harvest”

En nuestra próxima entrada hablaremos de las múltiples granjas de oreja de mar que se están desarrollando en el sur de África y que son la esperanza para que las poblaciones naturales dejen de ser esquilmadas.

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